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LA ATALAYA DE SANTA BRÍGIDA. PASADO Y PRESENTE DE LA PRODUCCIÓN


La cerámica canaria

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Alfarera de la vida


"Alfarería Canaria: sobre la continuidad de la memoria fragmentada"

Cirilo Suárez

Para aquellos de nosotros que hemos conocido el trabajo de Panchito en La Atalaya (Santa Brígida) y de Julianita en Hoya Pineda (Gáldar/ Guía)  en la Isla de Gran Canaria, de Dorotea en Muñique y Juan Brito  en la Isla de Lanzarote  de Guadalupe Niebla en Los Cercados  Isla de La Gomera  y otros en el Hoyo de Mazo  Isla de La Palma , así como las obras de un pequeño círculo de sus alumnos directos o de artesanos con formación académica que siguen la tradición “purista”, es innegable la percepción de cierta huella estilística que asegura la continuidad de la veta remota, esto es: la alfarería amazigh. En tierra basta, o bien con la delicada elegancía de una definición espacial que enriquece la pieza y la vuelve objeto decorativo, que no se utiliza en la cocina ni en la mesa, con el riesgo de estropearla. (…)

Sánchez, Angel,  “Alfarería Canaria: sobre la continuidad de la memoria fragmentada”

 Ir al enlace RACINES D´ARGILES para más información.


"Por amor al barro"

CRISTÓBAL PEÑATE. Este verano se ha cumplido la vigésima edición de la Traída del Barro de La Atalaya, Santa Brígida, cuna de la alfarería de la isla de Gran Canaria. La fiesta popular del barro ha estado aderezada con jornadas de puertas abiertas donde se han acercado muchos niños y ancianos para comprobar in situ cómo se manejan los artesanos.

Javi, de diez años, se queda anonadado viendo cómo el alfarero da forma al barro. “Ñooo, cuando sea mayor quiero hacer esto yo también”. A su lado, María, lo mismo: “¿Se puede vivir de esto?”, pregunta entre inocente e incrédula.
Pero no. Los alfareros no viven de esto. Los dos principales responsables son maestros y se dedican a la artesanía por las tardes y en sus ratos libres.
Como Mercedes Cuenca y Gustavo Rivero, dos profesores de primaria que tratan de dedicar su tiempo libre a la alfarería. Así, cuando viene un colegio de visita, cada monitor se encarga de enseñar a 30 ó 50 niños, pero eso no ocurre todos los días.

Dos conceptos principales ayudan a los más pequeños a encontrar el valor de un patrimonio de siglos, no solo en Canarias, sino en todo el mundo. Los cacharros que ven elaborar, que se hacen materia delante de sus ojos, son los antiguos tupergüés que hoy ven en sus cocinas y neveras, unos gánigos en los que se almacenaba el grano, la comida ya hecha, o las botellas prehistóricas donde se almacenaba el agua.


En cada lugar del mundo tienen sus propias formas, su única huella dactilar, y esa es la que en el centro locero de La Atalaya imprimen sus maestros. Un saber inmenso que es el que resume parte de la idiosincrasia de los antiguos canarios, pero que aún con ello, con todo el poder didáctico que posee se encuentra en precario. Así, mientras los más pequeños continúan fascinados con la magia de la maravilla, Rivero y Cuenca, presidente y secretaria, respectivamente, de la asociación de Loceros de la Atalaya (Alud) explican a la visita una realidad más cruda aún que la propia tierra que modelan. Que es una labor por amor al barro, porque el centro no recibe ninguna subvención, a pesar de que está en precario junto al ecomuseo de Panchito. “Se trata de un patrimonio público y ninguna institución lo defiende. Lo máximo que hemos recibido en cuatro años son 3.000 euros para una rehabilitación. No hay partidas para actividades destinadas a jóvenes, niños o mayores. El ayuntamiento no paga pero nosotros no podemos hacer las cosas gratis. No queremos vivir de subvenciones, pero tenemos que cobrar las actividades porque no disponemos de dotación económica”. 
Rivero no cree que peligre la continuidad del centro alfarero. “Hemos luchado para seguir adelante. No es algo de vida o muerte, pero el centro lo hemos vestido y enriquecido. La alfarería tradicional sí está en peligro si no se la ayuda, un valor cultural que debemos conservar, un legado vivo de la época prehispánica que no se puede tratar como un bien rentable, y si es así desaparecerá”.

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Entrevista: "Gustavo Rivero Vega"


Entrevista: “Gustavo Rivero Vega”

Gustavo Rivero Vega, no procede de un círculo familiar directamente relacionado con el oficio de la loza, pero nadie lo diría, porque a día de hoy es uno de los pilares de la pervivencia de esta ancestral tradición en el pago de La Atalaya de Santa Brígida, donde aún titila el calor de la brasa con la que se cocía desde tiempos inmemoriales unas piezas de cerámica que tanto cubrían las necesidades domestica en toda la geografía Gran Canaria, como viajaban en los baúles de los turistas que arribaban a nuestras costas desde principios de siglo. Hoy le relata a Mari Pino Rodríguez sus comienzos de la mano de Panchito y la dureza de mantener un legado cultural y patrimonial que heredamos de nuestros antepasados. Esta es la cuarta entrevista, con personajes de la Atalaya en un intento por conservar de primera mano un pedacito de MEMORIAL ORAL. Las anteriores las puedes ver picando en el enlace de Memorial Oral.
Los oficios tradicionales tienden a desaparecer, no están siendo rentables y si no se toma medidas, desaparecerán”, Gustavo Rivero.

Estamos con un representante de la Asociación de loceros y loceras de La Atalaya, ALUD.
Gustavo, buenas tardes, ¿Por qué la continuidad con la loza? Bueno, podemos hablar de escuela de oficios, en este caso el oficio de la loza se trasmitía de madres a hijas y esto fue hasta bien avanzado el siglo XX. En mi caso, no tengo un círculo familiar directo, puede que de atrás sí, la escuela mía fue a través de Panchito, porque me interesaba conocer la cerámica. Surgió después de acabar las clases en junio y los estudiantes se planteaban qué hacer en el verano. Pues aquí en La Atalaya, casi lo más acertado era aprender la loza con Panchito; tenía un alto valor además, aquí no había otra cosa. Tengo varias anécdotas, bueno muchas. Pero recuerdo los primeros días. El primer día, me senté allí, fui con un amigo. Estuvimos toda la tarde hablando y, él tenía allí un par de alumnos y al término nos dijo que no tenía tiempo y que no nos podía enseñar. Pues nada, nosotros le ayudamos a recoger sus piedras y cando nos fuimos a despedir, nos dijo: bueno hasta mañana. El ven mañana supuso estar con él prácticamente hasta su muerte. A raíz de ese día fue compartir hasta un buchito de ron, él era muy aficionado al ron en la comida y un pizco por las tardes y, en una ocasión recuerdo que me dijo ¿solo o misturao? Le dije misturao hasta que acabé mareado por completo y me dije, nunca más porque de esta forma no puede uno trabajar. Él hacía sus potajes, invitaba a la gente a comer; su casa era un trasiego de gente, era muy hospitalario. Estamos hablando del año 82, La Atalaya producía loza, Pancho era una figura emblemática. Las guaguas de los turistas llegaban aquí y nos tiraban caramelos. Esa es una imagen no sólo mía sino de generaciones atrás, de ver guaguas de turistas que venían a ver La Atalaya. En la actualidad hay una agencia que viene dos veces por semanas y hemos tratado de recuperar esa imagen. Antes, la llegada de los turistas tenía un sentido más lúdico, más festivo, era un polo de atracción, algo novedoso.
Cambiando de tercio, ¿cuál es la finalidad de la Asociación? La Asociación se creó por varios motivos: uno, por aglutinar los intereses del colectivo de loceros y loceras de La Atalaya, era el año 1996, era la puesta en marcha de lo que es hoy en la actualidad el Centro Locero. Se necesitaba una Asociación que defendiera los intereses del colectivo; reivindicar la figura del colectivo frente a la Administración, evidentemente una persona sola no iba a llegar a nada, sin embargo un colectivo contaba con más fuerza. Se pretendía gestionar el Centro Locero para la actividad de la loza.
Se creó con cinco miembros y hoy somos nueve personas las que conformamos el colectivo. De ellos, varios trabajan y tienen su taller fuera del municipio aunque la filosofía de trabajo es siempre la misma. La filosofía de la Asociación es la conservación y divulgar el trabajo de la loza. Lo hacemos a través de escolares, primaria y secundaria, colectivos como puede ser Cáritas, la ONCE, estudiantes de la Unión Europea. Lo que se trata es mantener las técnicas de trabajo, de la loza de La Atalaya. Se trata de conservar un legado cultural bastante importante. Lo que se hace en La Atalaya no se hace en otro lugar del mundo.
¿La diferencia? Las técnicas de elaboración y las formas de trabajo. La técnica del urdido, las técnicas de elaboración. Otros centros por ahí, varían en las técnicas, como la de Hoya Pineda.
Los nuevos alfareros que están surgiendo hablan de alfarería tradicional cuando no es cierto porque terminan variando técnicas, como el guisado, el trato del barro, al contrario que nosotros, que lo seguimos trabajando como los aborígenes.
¿Qué relación hay entre Alud y la Peña del Barro? Previo a la creación de la Asociación de loceros y loceras se creó la Peña del Barro, que es la que promocionó la fiesta de la Traída del barro. De Alud, yo soy el único miembro que forma parte de la Peña del Barro. Fui uno de los que crearon esa Fiesta. Nos sirvió para reivindicar que se finalizara el Centro Locero de La Atalaya; a través de la prensa se presionó para que esto se pusiera en marcha, con peso de cara a la luz pública.
¿La Fiesta del barro comenzó con un sentido lúdico? Sí, se organizaba una semana cultural y se sigue haciendo, se hacía una exposición de cerámica en el Colegio Illera de la Mora, esto fue en el año 92, pero a partir del año 97, cuando se crea el Centro Locero, esa exposición pasa a llevarse a cabo en el Centro Locero y es el Centro con Alud al frente el que se encarga de organizarlo. La Peña del Barro se encarga más de la gestión de organización de todo lo que lleva la fiesta. La fiesta tiene un componente lúdico. Antes se iba a buscar el barro como materia prima, en verano, sobre las fiestas de Santiago, el 25 de julio; la fiesta lo recuerda acercándonos a la Concepción y hacer una especie de embarrada, una fiesta popular y se trae de manera simbólica un poco de barro cargado en un burro, siguiendo el ritual de antaño. 
¿Cómo se mueve Alud en otros ámbitos? Cuando se ha organizado Jornadas o Congresos de alfarería, hemos estado presentes, en Santiago del Teide, en Pinolere, ambas en Tenerife. La FEDAC, que desde el Cabildo lleva la artesanía, organiza cursos y también estamos presentes en ellos.
Tenemos apoyos por parte de ellos y estamos agradecidos con Caridad Rodríguez. Tenemos firmado un Convenio con la FEDAC y a través de ese Convenio se han podido materializar algunos proyectos como ha sido la divulgación del Centro a través de folletos, las bolsas, adecuación de la sala de exposiciones. Nosotros les presentamos las propuestas en base a las necesidades del Centro. Ahora queremos actualizar la página web y poder desarrollar ese servicio y Santa Brígida: entre fiesta y fiesta celebramos la vida cultural esperemos que la FEDAC nos apoye esta línea.
¿Qué relación tienen con el Ayuntamiento? El titular público del Centro Locero y del Alfar de Panchito es el Ayuntamiento de Santa Brígida. En su momento, firmamos un Convenio con el Ayuntamiento de Santa Brígida para el uso y gestión de ambas infraestructuras. Ha sido un Convenio indefinido, no dotado económicamente por parte de la Corporación. El edificio, como tal, necesita un mantenimiento de los exteriores (pintura, barniz para la madera) y, lo cierto, es que acaba la Legislatura y el centro no ha sido dotado para nada en este sentido.
¿No existe promoción por parte del Ayuntamiento? Se hizo un amago de realización de visitas por parte de la Concejalía de Turismo, pero ya no se realiza. La página web del Ayuntamiento aparece la dirección del Centro, pero lo que es promoción como tal no existe. Esto es un legado cultural y patrimonial que ha llegado al siglo XXI. De todos modos hay que conocer para poder conservar y en este caso se tiene referencia en nuestra cultura pero los oficios tradicionales tienden a desaparecer, no están siendo rentables y si no se toma medidas, desaparecerán. Se necesita un apoyo para conservar la identidad de los mismos. El Centro locero, es algo vivo. Cuando llegas aquí a los artesanos trabajando, con las mismas técnicas que se trabajaban en la época prehispánica, el cual tiene un valor importantísimo y esto hay que conservarlo. Otras culturas tienen más conciencia de su patrimonio, sobre todo las culturas orientales, se le tiene respeto. Aquí si no es rentable, pues no es necesario mantenerlo. Esto es un recurso que tiene el municipio y que ojala otros municipios lo tuvieran. No se le está sacando el provecho que se le debería sacar como centro de visita turística o como centro de formación para escolares.
¿Por qué el Consistorio no trae a los escolares pagando a los monitores que aquí se encuentran? Yo sé de municipios que no tienen esa tradición artesanal y el Ayuntamiento paga monitores para que les trasmitan esa cultura a los escolares. Aquí no se paga ni los cursos, ni se libera alguno de nosotros para estar al Centro. Es un recurso infrautilizado. Debemos cobrar para mantener el Centro. Gratis trabajo haciendo mi obra y a veces no las vendo. Disfruto con mi trabajo y prefiero disfrutar de la pieza.
¿El futuro? Ahora mismo no hay gente aquí en La Atalaya con ese interés real de seguir con la tradición y, la gente que viene aquí a aprender son de fuera del municipio, gente mayor, adulta. Estaremos hasta que la edad nos ayude.
“Debemos conservar no sólo el producto sino el valor cultural de la pieza. Esto no es un souvenir, es una pieza elaborada a mano y con un valor artístico importante. Una pieza, bien hecha y bien elaborada, es una obra de arte y, eso no te lo quita nadie”.
Santa Brígida: entre fiesta y fiesta celebramos la vida cultural

"La alfarería popular en Canarias"

Taia

Cazuelo de vino

El estudio de las cerámicas populares de las islas Canarias se ha convertido actualmente en un problema arqueológico en la medida que en la mayor parte de los alfares se ha dejado de trabajar desde hace más de un cuarto de siglo. Bien es verdad que se han realizado intentos -siempre loables- para tratar de salvar esta importante reliquia etnográfica básica por parte de los autores que se han ocupado del tema, pero los trabajos adolecen de un verdadero método etnográfico, de un cuestinario previo que recogiera lo más importante de esta labor artesanal (…).

Rabilera de vino





















La mayoría de los estudios están publicados en periódicos y revistas no científicas, dispersos geográficamente y en el tiempo, lo cual hace difícil la tarea de recopilación, poseyendo además un carácter divulgador, más que investigador medianamente serio (…).

Olla
Con respecto a la cerámica podemos afirmar que, en una etapa posterior a la conquista -sin que podamos determinar cuanto tiempo-, se sigue trabajando el barro según modelo anterior a ella. Nos lo demuestra la serie de vasijas conservadas en los Museos y que, pese a su carácter arcaizante, son posteriores a esta fecha (…)

González Antón, Rafael, (1977), “La alfarería popular en Canarias”, Aula de Cultura de Tenerife.


Fotografías: Fedac